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Córdoba,
19 de noviembre de 2007
Querido Franco y amigos-peregrinos toscanos:
Me pides que exponga mis impresiones sobre este Camino:
la Vía Francígena en Toscana. Yo no sé
muy bien por dónde empezar, ni describir tanta belleza
vista, ni tanto cariño recibido. Comenzaré
expresando mi más profundo agradecimiento por tu
atención en todo momento, el gusto de caminar conmigo
y tu acogida hospitalaria a este peregrino. Gracias sinceras
también a Giuliana.
"Una sera e una mattina", repetías constantemente
a todo el mundo por nuestra sorprendente amistad: A Cristóbal
lo conocí una tarde en la Vía de la Plata,
después cenamos con unos franceses, y a la mañana
siguiente anduvimos un rato, hasta que aceleró su
marcha para llegar pronto a Salamanca para tomar el autobús
Pienso que es uno de "Los Milagros del Camino".
Dios propicia que de algo pequeño, como un grano
de mostaza, salga algo grande, inconmensurable.
Yo tampoco me lo puedo explicar muy bien, pero hay encuentros
que por cortos que sean, dejan huella, sobre todo si se
producen en el Camino. Además hemos mantenido un
contacto regular en todos estos años. Y ya tenía
que hacerte una visita después una invitación
permanente.
Al principio estaba bastante temeroso pues habían
transcurrido algo más de tres años. Pero lo
puse todo en manos de Dios y en los pies de Santiago para
que la peregrinación saliera bien, como así
ha sido. Y es que Dios y Santiago es una alianza perfecta:
Amistad y Camino.
Trataré de narrar lo inenarrable:
En Pisa me esperaba Franco, algo más delgado de lo
que recordaba en abril de 2004, después de aquella
Mattina. Nos reconocimos de inmediato: tal vez por la mochila
a la espalda, o por una percepción especial entre
peregrinos. Nos abrazamos.
Mientras esperábamos el tren a Lucca y nos poníamos
al día, de repente, me invitó a un bocadillo
de jamón. No tenía mucha gana, pero no sabía
realmente si empezaríamos la ruta esa misma tarde
o no, ya que Franco modificaba los planes sobre la marcha;
así que acepté el amable ofrecimiento. Mientras
desenvolvía el bocadillo del plástico, Franco
ya daba el último bocado al suyo. Este truco de hacer
desaparecer su comida lo repitió siempre en desayunos,
almuerzos y cenas.
En Lucca transbordamos hacia Altopascio. Allí hicimos
tiempo mientras que la bibliotecaria del albergue municipal
terminaba de almorzar para entregarnos la llave. De la conversación
entre ella y Franco, descifré las palabras Burgos-San
Antón-Ovidio. Esta secuencia me provocó una
conmoción: me resultaba muy familiar. Yo sabía
que un tal Ovidio de Burgos se casó con una amiga-peregrina
mía: Balba. La conexión fue mágica,
yo diría que milagrosa: Conocí a Balba en
Jaca (norte de España) en 2000; a Franco en Salamanca
(oeste de España) en 2004; y Franco a Ovidio (el
marido de Balba) en Perugia (Italia). Estas coordenadas
espacio-temporales han confluido divinamente en Altopascio
en 2007. Para rematar la causalidad, me acordé que
mi amiga caminó en 2001 desde Madrid a Santiago,
y de allí, continuó hacia Roma; y pensé
que podía haber pasado por Altopascio. Efectivamente,
hojeando el libro de visitas del albergue, descubrí
con emoción su agradecimiento escrito a aquellos
que tan bien la atendieron: otra vez, ¡Los Milagros
del Camino!
La tarde nos proporcionó un excéntrico arquitecto-criador
de caballos, que nos llevó a una laguna semiabandonada:
nada de particular, salvo el personaje. Esperando a Lorenzo
(amigo de Franco que también conocía a Balba
y Ovidio), nos llegó la noche; y tras recogerlo en
la estación y tomar una birra, marchamos a dormir.
Al día siguiente nos esperaba el espectáculo
Toscano.
El clima de la mañana favorecía el caminar,
y el sol no tardó en iluminar espléndidamente
sin excesivo esfuerzo la histórica senda con tonalidades
verdes, amarillas y granates de los árboles otoñales,
bajo un cielo azzurro
Aquí es donde me cuesta
describir tanta preciosidad: Las planicies inmensas, el
mar ondulado de colinas, los campos de viñedos dorados,
las veredas de pinos y cipreses alineados, mis familiares
olivos
Naturalmente había escuchado hablar
maravillas de la Toscana y había visto alguno de
sus paisajes en alguna que otra película, pero pensaba
que eran exageraciones turísticas, o zonas aisladas.
Debo reconocer que me había encomendado a Santiago
y no practicaba ni senderismo ni trecking: estaba peregrinando,
y claro, esa dimensión espiritual favorece el sentir
con más intensidad el momento, y reconocer aún
con más nitidez la belleza de la naturaleza.
Cada etapa tenía un instante culminante de maravilla,
una ensoñación con los ojos abiertos, un paso
más ligero que los otros. Hasta llegó un momento
en el que ya no estaba cansado de andar jornadas de más
de 25 km (34 km San Gimignano-Montereggioni), sino de decirle
a Franco: ¡qué bonito es todo esto!, Quelle
beauté!, È bello!, Bellino!
Las fotografías no pueden mostrar tanta cantidad
de hermosura percibida en todo momento.
Y hablando de hermosura no puedo olvidar a mis compañeros
de Camino: Franco y Lorenzo. Para mí han sido como
dos ángeles, bueno Lorenzo un ángel y Franco
un Arcángel por aquello del rango que da la edad,
y de que estuvo conmigo más tiempo caminando, y después
continuó en el papel de anfitrión en Florencia.
Tanta bondad hacia mí me resulta igualmente indescriptible.
No se me puede olvidar un elemento importantísimo
de los Caminos: la acogida. Si bien fue fría la de
los franciscanos en San Miniato, u olvidable la de la hostelera
de Gambassi Terme; me será imborrable la sonrisa
de Teresita, o la atención de Jineta , ambas hijas
de la orden de San Vicente Ferrer de Siena; el vinsanto
del señor Giubbolini en Podere San Luigi, la misericordia
de sor Magdalena en San Gimignano al ver que éramos
peregrinos de verdad; el buen café de Doña
Donnatella en la Torrraccia di Chiusi; y la cena de peregrinos
en casa de Luciano (siempre presente en el trayecto gracias
a sus señales artesanales).
A mí esto de los Caminos me tiene enganchado. Me
cambió la vida, y cada vez que acudo me la mejora.
Por la limitación de mis vacaciones, no puedo realizar
grandes tramos, por eso me considero un "peregrino
intermitente":
- Agosto 1998: León - Santiago (España, Camino
Francés).
- Julio 2000: Somport - Logroño (España, Camino
Francés).
- Febrero 2001: Logroño - León (España,
Camino Francés).
- Julio 2001: Saint Jean Pied de Port - Pamplona (Francia/España,
Camino Francés).
- Julio 2002: León - Santiago (España, Camino
Francés).
- Abril 2004: Cáceres - Salamanca (España,
Vía de la Plata).
- Abril 2006: Mérida - Cáceres (España,
Vía de la Plata).
- Abril 2007: Wusterhausen - Bad Wislnack (Alemania, Pilgerweg
Berlin-Bad Wislnack).
- Julio 2007: Le Puy en Velay - Monistrol d'Allier (Francia,
Vía Podiense).
- Noviembre: 2007 Altopascio - Siena (Italia, Vía
Francígena dirección a Roma).
Este Camino, junto al del año 2000 y la Vía
de la Plata; ha sido sin duda, uno de los más gratificantes
para mí, por el descubrimiento de paisajes increíbles
y crecimiento de una amistad que brotó de "una
sera e una mattina".
Un abrazo muy fuerte desde la capital de Al-Andalus. Espero
veros pronto. Que Dios os bendiga. ULTREYA!
Le
foto della tratta da Altopascio a Siena: Sulla
Francigena da Altopascio a Siena
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